miércoles, 9 de febrero de 2011

Melocotón, dulzura natural

Los melocotones han formado parte de nuestra dieta desde tiempos prehistóricos.

El melocotón es muy rico en hierro, por lo que su ingesta se recomienda en estados anémicos o inapetentes. Además, este delicioso fruto contiene vitaminas A,B y C, por lo que actúa como un eficaz antioxidante y el sistema nervioso. Tiene un ligero efecto laxante y tonifica la piel.

El melocotón enlatado NO pierde sus propiedades nutricionales y se envasa en el mejor momento de maduración y calidad nutritiva.En cuanto al valor nutricional medio aproximado de 100 gramos de melocotón en almíbar podemos hablar de 62 calorías, 0,5 gramos de proteínas, 15 gramos de hidratos de carbono y 0 gramos de grasas.

Con el melocotón en conserva podemos disfrutar de esta jugosa fruta durante todo el año. Un ingrediente perfecto para cualquier postre en cualquier estación.



jueves, 3 de febrero de 2011

Pimientos del piquillo, oro rojo

El pimiento, de humilde pasado, ha ido ascendiendo de categoría en la escala gastronómica. Procede, como tantos cultivos, de América, por lo que no se incorpora a la cocina española hasta el siglo XVI. Los colonizadores del nuevo mundo buscaban pimienta y otras especias y se encontraron con una planta cuyo llamativo fruto de color rojo era utilizado por los indígenas para acompañar sus comidas; le llamaron pimiento.

Los pimientos del piquillo son carnosos y delicados, con textura turgente, sin llegar a ser dura. Pero además de sus indiscutibles propiedades gustativas, los pimientos del piquillo cuentan con unos excelentes valores nutricionales. Tienen una importante presencia de caroteno, abundancia en fibra, un 93% de agua, minerales como el potasio o el fósforo y un bajo nivel calórico (apenas 19 calorías por 100 gramos de producto).

Armonizan a la perfección con el bacalao, el atún, los chipirones. Realzan de forma muy especial los platos de huevos, ligan con el arroz, las patatas y las pastas y se acomodan a la fragilidad del hojaldre. Un fruto excepcional que, si bien se ha utilizado tradicionalmente para acompañar a otros alimentos, pueden ser un plato exquisito por si mismo, apenas condimentado con ajo y sal.


miércoles, 2 de febrero de 2011

Espárrago, sabor y delicadeza

A diferencia del espárrago verde, el blanco crece debajo de la tierra y no debe recibir la luz del sol. En el momento que emerge del surco en el que crece, la punta adquiere un color verde o violeta por el efecto de la luz solar. Como consecuencia, la recolección debe efectuarse de forma manual, abriendo un pequeño agujero en el surco y extrayendo el espárrago con exquisito cuidado. Los días de primavera comenzarán entonces para el hortelano a las 6 de la mañana ya que se debe recoger el espárrago antes de que la punta emerja de la tierra y la luz del sol oscurezca su blanca y delicada yema.

Desde siempre los espárrago han sido un alimento con gusto y distinción en la mesa. Pero a su reconocido prestigio culinario hay que añadirle además sus propiedades terapéuticas. Es un alimento con un bajísimo aporte de calorías (aproximadamente 15 calorías por 100 gramos de producto), un gran contenido en fibra, en vitaminas y cuenta con la importante presencia de ácido fólico y proteínas vegetales de gran calidad.

Lo habitual y más cómodo es consumirlos en conserva, teniendo en cuenta siempre que no deberán degustarse recién salidos del frigorífico sino a temperatura ambiente. Rellenos, con mayonesa, en vinagreta o al natural es un estupendo entrante en cualquier comida.

martes, 1 de febrero de 2011

Velocius quam asparagi coquantur...

Cocer más rápido que los espárragos. Hacer algo tan rápido como lo que se tarda en cocerlos. Una sentencia romana para meter prisa a la gente. El tiempo de cocción de unos espárragos blancos varía según el punto de cocción que nos guste. Lo primero que hay que hacer es limpiarlos (pueden tener tierra) y pelarlos. Necesitarás una olla de pared alta. Llenarla un poco más de la mitad de agua y añadir sal. El tiempo de cocción depende del grosor: 12 minutos será suficiente para los medianos y 15 minutos para los más gruesos. Aunque como mejor se ve es pinchándolos. Servirlos templados.

Pero el ritmo de vida de los romanos era diferente al nuestro. Hoy 15 minutos puede ser una eternidad, así que, siempre puedes abrir una lata de espárragos, emplatarlos, apañarlos con aceite o con una vinagreta con huevo duro y cebollino. Cambiaremos la sentencia romana por esta: